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¿Verdad o mentira? Todo es según el color….

Autor: Lic. Susan Portes, Psicóloga Clínica / Terapia Individual .-

¿Del cristal con qué se mira? No; todo es según los principios de vida que hemos decidido llevar.  Todos hemos mentido a lo largo de nuestras vidas.  Mentiras grandes o pequeñas, la verdad es que son mentiras a final de cuentas. Mentir no es simplemente decir cosas que no son ciertas, también mentimos cuando ocultamos información o cuando asumimos posturas o cuando escondemos situaciones de nuestras vidas a través de maquillajes que ocultan parte de nuestro cuerpo, sonrisas ficticias, etc.  La verdad de todo es que cada vez que mentimos lo que queremos es quedar bien frente a otro u otros y esto habla de inseguridad y de sentirnos en menor o peor condición que el otro.

Detrás de la mentira hay baja autoestima, falta de confianza en nosotros mismos, miedo terrible a perder el visto bueno de los demás, miedo al castigo que pueda llegar, a la crítica y también un fuerte interés de manipular al otro.

Hay cerebros incluso, que por su estructura, son más capaces de mentir que otros. Mentir se aprende desde la infancia. Tan pronto un niño ve o siente que su autoestima es amenazada, recurre a la mentira y ahí mismo va quedando comprometido su futuro porque está enlazando quedar bien con no ser auténtico, con no defenderse con la verdad.

Pero entonces, ¿cómo podemos aprender a no mentir cuando entendemos que la mentira nos ha sacado de tantos apuros o cuando mentir nos ha hecho quedar tan bien? Pensando en las consecuencias que a futuro trae mentir.

Vivir utilizando la mentira para quedar bien con otros porque no hemos querido trabajar nuestras inseguridades genera mucha ansiedad porque nos obliga a mantener una personalidad falsa, a mantener posturas irreales en adición a vivir con el sobresalto constante de poder ser descubierto y que se destruya lo que se ha construido con falsedad.

Quien desea obtener paz cada día de su vida debe aprender a frenar la mentira, sea grande o sea pequeña.  En el sentido espiritual sabemos que para Dios mentira es mentira, no hay tamaños que comparar.  Cuando aprendemos a vivir diciendo la verdad tal cual es, siendo auténticos frente a nosotros mismos y a los demás obtenemos unos beneficios que bien nos merecemos recibir: paz en nuestras vidas, armonía entre lo espiritual, mental y físico, transparencia que se refleja en un rostro sin tensiones y por ende que luce más joven y alegría en el corazón porque ya no estamos atados al miedo de ser descubierto en alguna mentira dicha.  Vale la pena vivir en verdad y decirle No a la mentira. 

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