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Cuando de juzgarnos a nosotros mismos se trata.

Autor: Lic. Susan Portes, Psicóloga Clínica / Terapia Individual .-

A la mayor parte de las personas, cuando se les pregunta sobre cuáles son sus mejores cualidades quedan sin saber qué contestar y si lo hacen es porque han tomado mucho más del tiempo necesario para encontrar quizá tan sólo una cualidad en ellos; por el contrario, si la pregunta se refiere a los defectos, rápidamente enumeran sin mucha dificultad lo que consideran sus peores rasgos. Si este análisis fuera tan solo un reflejo de cómo anda nuestra autoestima todo podría quedar en un buen punto de partida para conocernos mejor y buscar transformar esos rasgos no deseables en nuestras mejores fortalezas, pero resulta que son rasgos por lo que a veces nos sentimos hasta avergonzados y culpables de poseerlos.

Todos llegamos a esta vida con cualidades potenciales que sólo se desarrollan y maduran adecuadamente cuando crecemos en un ambiente de amor, protección y cuidado pero, por causas de la ignorancia y la negligencia emocional con la que se crece y se educa, la vitalidad inicial de la gran mayoría de los humanos queda bloqueada en más de un aspecto sin que a veces se pueda advertir propiamente.  Estos bloqueos son los que a veces nos impulsan a actuar con apariencias para no mostrar lo que realmente está en el fondo. Así, si hemos sido rechazados, heridos, maltratados  lo bloqueamos y tratamos de mostrar una imagen que pueda ser aprobada y que deje a la vista de los demás que nos sentimos muy queridos, pero, cuando se nos pregunta qué nos agrada de nosotros mismos y no podemos responder con espontaneidad queda claro que la seguridad que mostramos es pura fachada.  Aceptar que tenemos defectos resulta entonces mucho más fácil porque es otra conducta que entendemos es más aceptable ante los otros.  Da un mensaje de humildad, sencillez y de sinceridad pero hay mucho de falsedad en esta afirmación. 

Donde está la falsedad?  En que aunque logremos enumerar nuestros defectos en realidad no indica que los admitamos y mucho menos que seamos humildes; lo único que estamos haciendo es tratar desesperadamente de vernos bien y ser aceptamos por las demás personas.

Si esta situación te resulta conocida, si estás reconociendo algo de ti en esta explicación es bueno que cambies tu manera de entender cómo debes quedar bien frente a los demás.  Deja de sentir vergüenza por quien eres y de restarte importancia.  Forma tu autoconcepto de manera justa admitiendo todo lo bueno y hermoso que hay en ti, dándole valor a cada una de tus cualidades y en cuanto a tus debilidades  o “defectos” trabaja en cada uno de ellos modificando lo que puedas modificar y aceptando aquello que te es difícil cambiar pero sin desilusión sino con actitud de que con el tiempo, aun lo que hoy te es difícil cambiar, puedes usarlo a tu favor.

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