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¿Qué pasa con los hijos cuando los padres se separan?

Autor: Licda. Sylvia Patricia Chabebe - Especialista en Terapia Familiar y de Pareja.-

Indudablemente, los padres, como personas adultas y responsables tienen todo el derecho a separarse cuando surja tal necesidad. No obstante, debemos de tener claro que el fracaso de la pareja conyugal no tiene por qué obstaculizar el triunfo de la pareja parental. Es decir, una cosa es separarse como pareja (nivel conyugal: relación de pareja) y otra, muy distinta, es separarse como padres (nivel parental: ejercicio de padres). Lo que pasa muy a menudo en la etapa de separación es que la parentalidad decae, aunque sea temporalmente, porque predominan los problemas personales entre los cónyuges. Estos divorcios se conocen como divorcios destructivos y sus consecuencias adversas para los hijos son irreparables.

No obstante, todos los niños quieren sentir que sus padres son felices. Está comprobado que el niño sufre mucho más en situaciones en que los padres son infelices juntos que cuando deciden vivir separados. Incluso cuando se trata de bebes o niños pequeños, los padres creen que ellos no perciben lo que pasa en su familia y esto es un error, porque los chicos pequeños también desarrollan síntomas.

Cada caso es diferente, pero sí deben tenerse siempre en cuenta algunos aspectos. Las reacciones y sentimientos de los niños dependen de diferentes factores: edad, las explicaciones proporcionadas, la continuidad de la relación con ambos padres, acuerdos o desacuerdos entre estos, grado de hostilidad entre los mismos, intervención de otros adultos o ambientes, entre otros.

Recordemos que en este proceso nuestros hijos también están viviendo sus propios sentimientos de tristeza y lástima, también acompañados por una sensación de vulnerabilidad y culpa y un temor intenso a ser abandonados por sus progenitores. La mayoría de los niños están preocupados porque creen que sus necesidades no serán atendidas. Temen que, como la relación de pareja de sus padres se ha disuelto, suceda lo mismo con la relación padre e hijo.

De manera más específica, los niños entre los 3 y 5 años pueden desarrollar: conductas regresivas, miedo a no ver más al padre que se va de la casa, miedo a que los padres dejen de quererlo y miedo al rechazo. También manifiestan enojo ya sea golpeando o rompiendo sus juguetes.

Los niños de 6 a 8 años mayormente pasan por un proceso de miedo, angustia y desconcierto; están confundidos, tratando de comprender quienes son y adónde pertenecen. Cuando los padres se separan, los niños se sienten solos, impotentes, profundamente tristes, pero también con rabia y enojo. A menudo están tristes, distantes y esquivos aunque les vaya bien en la escuela. Los síntomas incluyen mal humor, enojo y peleas, se vuelven irritables, contestan mal, no escuchan y hasta sobresaltan con exabruptos. 

A esta edad los niños normalmente idealizan al padre ausente y agreden aquél con el cual conviven, sienten que sus padres son egoístas por no haber conservado la familia y se sienten traicionados por sus padres. Se distraen con facilidad, presentan dificultades para concentrarse en el juego y en las tareas escolares. Pueden presentar pesadillas, vómito, dolor de barriga o de cabeza. Otras veces, tienen conductas manipuladoras y aprovechan las fisuras entre los adultos para satisfacer sus caprichos.

Los niños en general tienen un pensamiento mágico, por lo que tardan bastantes años en diferenciar lo real de lo imaginado y este pensamiento da cabida a las fantasías de reconciliación de los padres, que perduran bastante tiempo en la mente del niño y hasta del joven adulto.

Es importante que entendamos que al progenitor que más temen perder es el que se ha ido de casa. Temen que pierda el amor que antes sentía por ellos. Este sentimiento explica ciertos comportamientos de los niños, en especial si son pequeños, como reticentes miedos nocturnos, ansiedad de separación de los padres, crisis de pánico, fobia escolar, etc. 

Durante todo este proceso nuestros hijos necesitan que los escuchemos en su totalidad, sus fantasías y sus preguntas. Necesitarán que sus padres le transmitan, con palabras y actos, que los quieren y van a quererle siempre y que nunca van a perderlos como padre o madre. Entendamos que como la vida está llena de momentos difíciles, no se trata de intentar ocultárselos sino de ayudarles a vivirlos de la mejor manera posible y esto se logra a través de la comunicación, amor, paciencia y comprensión. Los niños solo se sentirán seguros si existe un clima de confianza, respeto y afecto entre sus padres, especialmente durante el proceso de separación de estos.

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