Artículo: Cuando darlo todo te deja sin nada. Escrito por Susan Portes, Psicóloga Clínica Terapeuta cognitivo-conductual
En las relaciones interpersonales es común encontrar personas que han aprendido a demostrar su amor estando siempre disponibles. Son quienes escuchan, comprenden, resuelven, justifican y permanecen. Con frecuencia postergan sus necesidades para atender las de los demás y, aunque pueden llegar a sentirse agotadas, continúan dando con la esperanza de que algún día recibirán el mismo cuidado que ofrecen.
El problema comienza cuando dar deja de ser una expresión libre de amor y se convierte en una condición para sentirse aceptado, elegido o valorado.
Podemos pensar que mientras más hagamos por los demás, más importantes seremos para ellos. De esta manera, terminamos construyendo relaciones en las que nuestro valor parece depender de cuánto ayudamos, cuánto toleramos o cuántas veces estamos dispuestos a renunciar a nosotros mismos.
Sin embargo, darlo todo no garantiza recibir amor, reconocimiento ni reciprocidad. En ocasiones, sucede lo contrario: acostumbramos a los demás a recibir de nosotros sin que tengan que considerar nuestras necesidades.
Con el paso del tiempo, la persona que siempre da puede comenzar a experimentar tristeza, resentimiento, agotamiento y una profunda sensación de injusticia. Se pregunta por qué los demás no responden de la misma manera, por qué no reconocen sus sacrificios o por qué no están presentes cuando ella los necesita.
Desde el enfoque de la Terapia Cognitivo-Conductual, entendemos que este patrón puede estar sostenido por creencias como: “Si no estoy cuando me necesitan, dejarán de quererme”, “debo complacer para evitar el rechazo”, “una buena madre, esposa, hija o amiga siempre está disponible” o “si pongo límites, pensarán que soy egoísta”.
Estas creencias provocan que la persona no solamente dé por amor, sino también por miedo: miedo a no ser elegida, a ser abandonada, a decepcionar, a provocar el enojo del otro o a recibir como castigo la indiferencia y la conocida ley del hielo.
Cuando actuamos bajo estas ideas, cualquier intento de cuidarnos puede activar sentimientos de culpa. Tomar un espacio para descansar, no responder inmediatamente una llamada, negarnos a resolver un problema que no nos corresponde o expresar una necesidad puede hacernos sentir que estamos fallando.
Pero es importante preguntarnos: ¿realmente hice daño o simplemente no hice lo que la otra persona esperaba de mí?
No cumplir todas las expectativas ajenas no significa que seamos malas personas. Poner límites tampoco significa que hemos dejado de amar. Los límites saludables permiten que podamos relacionarnos sin sentir que debemos desaparecer para que el otro se sienta atendido.
La reciprocidad tampoco significa llevar una contabilidad exacta de todo lo que damos y recibimos. En una relación sana habrá momentos en los que una persona necesitará más apoyo que la otra. Sin embargo, a lo largo del tiempo debe existir interés mutuo, consideración y disposición para cuidar el vínculo.
Cuando una sola persona sostiene permanentemente la relación, ya no estamos hablando de una diferencia circunstancial, sino de un desequilibrio.
Para comenzar a modificar este patrón, podríamos tomar en cuenta las siguientes recomendaciones:
Primero, presta atención a la motivación desde la cual estás dando. Pregúntate si lo haces libremente o si esperas evitar el rechazo, la crítica o el abandono.
Segundo, aprende a tolerar la incomodidad que puede aparecer cuando dices “no”. Sentir culpa no demuestra automáticamente que actuaste mal. A veces la culpa es solamente la reacción emocional que aparece cuando comenzamos a comportarnos de una manera diferente.
Tercero, expresa tus necesidades con claridad. Los demás no siempre sabrán que estás cansado, herido o necesitado de apoyo si continuamente te presentas como alguien que puede con todo.
Cuarto, observa la conducta de las personas y no solamente sus palabras. El afecto también se demuestra mediante interés, presencia, consideración y respeto.
Finalmente, recuerda que no tienes que agotarte para merecer amor. Quien te aprecia verdaderamente no debería necesitar que te abandones a ti mismo para poder permanecer a tu lado.
Dar es una expresión hermosa del amor cuando nace de la libertad. Pero cuando damos para asegurar un lugar en la vida de los demás, corremos el riesgo de perder el lugar que debemos ocupar en nuestra propia vida.
No se trata de dejar de amar ni de convertirnos en personas indiferentes. Se trata de aprender a ofrecer sin vaciarnos, acompañar sin cargar con todo y cuidar a los demás sin olvidarnos de nosotros mismos.
Porque si para conservar una relación tienes que darlo todo hasta quedarte sin nada, quizá no necesitas aprender a dar más. Quizá ha llegado el momento de aprender a cuidarte también.
Susan Portes
Psicóloga Clínica
Terapeuta Cognitivo-Conductual
Productora del programa radial Necesito un Consejo
Bibliografía
● Beck, J. S. (2011). Terapia cognitiva: Conceptos básicos y profundización. Gedisa.
● Beck, A. T. (2013). Terapia cognitiva de la depresión. Desclée de Brouwer.
● Young, J. E., Klosko, J. S., & Weishaar, M. E. (2003). Schema Therapy: A Practitioner’s Guide. Guilford Press.
● Linehan, M. M. (2015). DBT Skills Training Manual. Guilford Press.
● Neff, K. (2011). Self-Compassion: The